jueves, 20 de junio de 2013

Niebla

Veros salir de la niebla con vuestras caras de entonces. Taciturnos, abatidos por el peso del  tiempo que aún no habéis vivido.  Y algunos todavía conservan jirones de esa niebla sobre la piel desnuda. No puedo hablaros porque no me conocéis, aunque algunos estéis a punto de entrar para siempre en mi vida.

Despertar, no con la luz clarísima de la mañana, sino bajo el frío de esta niebla que pesa en el corazón y no nos deja ver más allá de la orilla donde se mecen algas oscuras. Aún quiero penetrar en ese mar ceniciento. Adivino algún barco en la espesura. Sobre el mástil oscuro canta un pájaro. ¿Es el mismo que en las noches de verano acompaña tu risa? ¿O es aquel otro que persiste con su queja intermitente en anunciar el día? ¿Por qué ya no lo oigo?


También allí llueve. El agua fija el calor sobre tu piel. Y, una vez más, te debates entre escuchar esa voz interior que te invita a frecuentar viejos caminos hoy ocultos por la niebla o seguir impasible el paso de los días. Te resistes lo mínimo. El dolor es una  luz intensa que despeja tus dudas y su cuerpo desnudo la insoslayable respuesta donde apagar la culpa. 

domingo, 3 de marzo de 2013

Todas las vidas


El lugar de la nostalgia no tiene vistas al mar. Es una sima insondable, un laberinto de casas encaladas, una ventana abierta, un olor que te atraviesa y te devuelve a lugares en los que no estuviste más que un instante en el cómputo global de tu historia, pero que son eslabones de una pesada cadena colgada a tu cuello. Y qué doloroso este sol entre nubes que la hace brillar a ratos.

Pero cómo salir del laberinto siendo uno mismo. O mejor dicho, cómo ser uno mismo sin sentir miedo de descubrir quién eres.  Algo tan sencillo como pasar desapercibido en un mundo extraño, ser alguien más, otra persona que deambula contra el tiempo que nos arrastra, y volver la cara cuantas veces haga falta para no  olvidar tu sombra a la vuelta de cualquier esquina.

Dioses extraños esculpidos en la roca. El olor de la muerte purificando la vida. Buscas, y encuentras rencores de otros tiempos lavados por las aguas turbias de la nostalgia. Cómo olvidar las marcar en la piel ajena.  Cómo no caer de rodillas ante el dios de los otros. Cómo hacer oídos sordos ante el estruendo del corazón que palpita de nuevo.


lunes, 4 de febrero de 2013

Anticipo de primavera


Flores blancas: la pálida candidez de las del almendro, la diminuta pureza de las de la retama, el rosa apagado que anticipan los botones del cerezo.  La flor de nieve que cruje bajo el sol que no calienta  nos trae recuerdos del calor por venir, ese que derretirá el blanco para ser amarillo, azul, morado…Aliento de primavera,  porque nada se para, salvo nosotros.


Cae la nieve
y el corazón palpita.
Flor de retama.


 Flor del almendro.
Tu blancura de nieve
derrite el  tiempo.


Aliento tibio.
Bajo nieve que cruje,
flor de cerezo.




martes, 1 de enero de 2013

Año nuevo


Como estos copos,
los primeros que caen
del Año Nuevo,
ojalá se acumulen
miles de cosas buenas.

Otomo no Yakamochi. Traducción de Carlos Rubio.
Óleo de José Antonio Martel.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Lo que queda



Tres o cuatro palabras, la luz del sol que brilla y dura poco, la claridad de la luna, la frialdad de la mano. Todo lo que pudo ser, lo que aún no ha sido, lo que nunca será, lo que es posible. Lo que esperas, lo que deseas, lo que no quieres, lo que has querido.

Mueves los dados dentro del  vaso  ¿Depende realmente el  resultado de esa extraña combinación de suerte y destreza? Luna, mano fría, lo que has querido  ¿No es mejor esperar a que suceda? Tres o cuatro palabras, lo que pudo ser, lo que deseas. Por eso ya no juegas. Lo que es posible, la luz del sol que brilla y dura poco.


¿Dónde se fueron
las hojas caídas de los arces?
También se ha ido el otoño
Dejando atrás el ruido
de iracundas tormentas.

(El emperador Sutoku. Traducción de Carlos rubio)

viernes, 16 de noviembre de 2012

Viento


Como las tórtolas que aprovechan una racha veloz de viento para impulsarse y son saetas que cruzan la mañana augurando la tormenta. Como las gaviotas que se mecen entre corrientes y por un momento permanecen inmóviles, sujetas a la nada de un tibio mediodía. Como esa bandada de estorninos que configura  una ola puntillista en el gris de la tarde pesarosa. O volar contra corriente.

A veces ir en contra es quedarse parado, inmóvil entre corrientes que intentan sacudirte. Guardar el lastre de un viejo secreto, porque es ese lastre el que te ayuda a permanecer erguido. Compartir en silencio lo que sólo dos entienden. Buscar en la mirada del otro el brillo de lo verdadero, ese que desmiente tus prevenciones contra todo.

No olvidas que una vez fuiste saeta ligera y veloz en tu paso por el mundo, sin lastres ni ataduras, volando a favor del viento y sus corrientes. ¿Y ese abrazo encendido que congeló el aire? Ha sido borrado por la lluvia que no cesa, que no cesa.

lunes, 15 de octubre de 2012

Nieve de otoño


Esperemos entonces a que se derrita la nieve, a que el sol del otoño  que se cuela por el  hueco del patio caliente lentamente esta blancura que todo lo contiene. ¿No escuchas como yo el crujir de la escarcha?  ¿No adivinas ya a través de esas grietas el agua que fluye, los verdes del  campo, el gris de la sierra? Es este silencio que todo lo contiene el bullir de la vida y tu mano maestra la huella delicada de la emoción sincera.



Y no esperes ver lo que se puede sentir. No esperes encontrar lo que no andas buscando. No ilumines las sombras con la verdad desnuda. Porque la verdad es esa nada blanquísima, telón del mundo al que te asomas en la soledad callada de tus pensamientos.  Y no tiembla la mano, sino la voz que te invita a desandar el camino.


 Nieve de otoño
        que tu mano derrite.
Sol de la tarde.