lunes, 4 de febrero de 2013

Anticipo de primavera


Flores blancas: la pálida candidez de las del almendro, la diminuta pureza de las de la retama, el rosa apagado que anticipan los botones del cerezo.  La flor de nieve que cruje bajo el sol que no calienta  nos trae recuerdos del calor por venir, ese que derretirá el blanco para ser amarillo, azul, morado…Aliento de primavera,  porque nada se para, salvo nosotros.


Cae la nieve
y el corazón palpita.
Flor de retama.


 Flor del almendro.
Tu blancura de nieve
derrite el  tiempo.


Aliento tibio.
Bajo nieve que cruje,
flor de cerezo.




martes, 1 de enero de 2013

Año nuevo


Como estos copos,
los primeros que caen
del Año Nuevo,
ojalá se acumulen
miles de cosas buenas.

Otomo no Yakamochi. Traducción de Carlos Rubio.
Óleo de José Antonio Martel.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Lo que queda



Tres o cuatro palabras, la luz del sol que brilla y dura poco, la claridad de la luna, la frialdad de la mano. Todo lo que pudo ser, lo que aún no ha sido, lo que nunca será, lo que es posible. Lo que esperas, lo que deseas, lo que no quieres, lo que has querido.

Mueves los dados dentro del  vaso  ¿Depende realmente el  resultado de esa extraña combinación de suerte y destreza? Luna, mano fría, lo que has querido  ¿No es mejor esperar a que suceda? Tres o cuatro palabras, lo que pudo ser, lo que deseas. Por eso ya no juegas. Lo que es posible, la luz del sol que brilla y dura poco.


¿Dónde se fueron
las hojas caídas de los arces?
También se ha ido el otoño
Dejando atrás el ruido
de iracundas tormentas.

(El emperador Sutoku. Traducción de Carlos rubio)

viernes, 16 de noviembre de 2012

Viento


Como las tórtolas que aprovechan una racha veloz de viento para impulsarse y son saetas que cruzan la mañana augurando la tormenta. Como las gaviotas que se mecen entre corrientes y por un momento permanecen inmóviles, sujetas a la nada de un tibio mediodía. Como esa bandada de estorninos que configura  una ola puntillista en el gris de la tarde pesarosa. O volar contra corriente.

A veces ir en contra es quedarse parado, inmóvil entre corrientes que intentan sacudirte. Guardar el lastre de un viejo secreto, porque es ese lastre el que te ayuda a permanecer erguido. Compartir en silencio lo que sólo dos entienden. Buscar en la mirada del otro el brillo de lo verdadero, ese que desmiente tus prevenciones contra todo.

No olvidas que una vez fuiste saeta ligera y veloz en tu paso por el mundo, sin lastres ni ataduras, volando a favor del viento y sus corrientes. ¿Y ese abrazo encendido que congeló el aire? Ha sido borrado por la lluvia que no cesa, que no cesa.

lunes, 15 de octubre de 2012

Nieve de otoño


Esperemos entonces a que se derrita la nieve, a que el sol del otoño  que se cuela por el  hueco del patio caliente lentamente esta blancura que todo lo contiene. ¿No escuchas como yo el crujir de la escarcha?  ¿No adivinas ya a través de esas grietas el agua que fluye, los verdes del  campo, el gris de la sierra? Es este silencio que todo lo contiene el bullir de la vida y tu mano maestra la huella delicada de la emoción sincera.



Y no esperes ver lo que se puede sentir. No esperes encontrar lo que no andas buscando. No ilumines las sombras con la verdad desnuda. Porque la verdad es esa nada blanquísima, telón del mundo al que te asomas en la soledad callada de tus pensamientos.  Y no tiembla la mano, sino la voz que te invita a desandar el camino.


 Nieve de otoño
        que tu mano derrite.
Sol de la tarde.



sábado, 8 de septiembre de 2012

Hokusai en el armario


Permíteme que te imagine aquella tarde. Y empiezo a imaginar, porque tal vez fue una mañana. Y sí, lo veo ahora, atardecía y la pequeña galería londinense especializada en arte japonés estaba a punto de cerrar, pero el dueño te dijo que no, que no te marcharas y te tomaste el tiempo necesario para elegirlo, bueno, os tomasteis el tiempo necesario, quiero decir, que también estaba el Profesor, al que siempre escuchas. Luego dos años guardado en tu casa, a la espera del momento propicio, porque aquel cumpleaños no pudo ser y el siguiente tampoco. Y ahora por fin conmigo: la felicidad guardada dos años en el fondo de un armario a la  espera del momento oportuno.


Allí, nadie con buen gusto y suficiente refinamiento expondría sus objetos más preciados a la vista de todos. Por eso, para ser fiel a la tradición, este grabado tendría que volver al envoltorio de seda y al fondo un armario del que únicamente saldría para ser disfrutado a solas y,  en contadas ocasiones, para ser admirado junto a un amigo de muchísima confianza con el que compartir algo tan íntimo como el placer de contemplar lo que te conmueve de veras. No llego a ese extremo, pero ahí está, colgado en la pared de la habitación más privada de la casa, en un rincón donde no llega el sol, para disfrutarlo a solas y descolgarlo sólo muy, muy de vez en cuando.


No hay olas, ni está el monte Fuji, ni tampoco cortesanas que retuercen sus sedas bordadas de pájaros y flores en posturas imposibles. Solo el calor, el aliento tibio de estas plantas empañando el corazón de emociones nuevas.

lunes, 13 de agosto de 2012

Luna de agosto


Lo que estos hombres celebran no tiene nada que ver con lo que pasa. Lo que pasa no existe, lo que ocurre no importa. El tiempo diluirá sus anhelos y convertirá sus preocupaciones en hojas que hace volar el viento. Reunidos aquí, bajo el claro de luna que asoma tras la encina poderosa,  festejan la vida. Y son sus risas, y el eco del cristal que entrechocan para desearse salud, ofrendas perfectas para el astro brillante que ilumina esta noche de agosto. Y un regalo para mí compartirla con ellos.


Viejos fantasmas congregados alrededor de esta mesa. Qué sencilla felicidad  la de contemplar las inquietas buganvillas, los impasibles geranios, la olorosa albahaca, las misteriosas aspidistras…Reír contigo, como esa tarde de primavera en la que comíamos pastas recostadas en la hierba, en esos días de juventud sin miedo. Reír contigo, como cuando te explicaba los chistes hechos por otros en algún café del centro en el que nos habíamos reunido para despedir nuestra niñez… Ahora, bajo la luna de agosto, nos reencontramos. Y es la brisa que corre entre nosotros el frescor del tiempo que todavía compartimos.


En mitad del río, esta lengua de arena les sirve de inesperado mirador, privilegiada atalaya desde la que contemplar la luna más hermosa. Beber saque y compartir viejas historias de un tiempo en el que el dolor y la belleza eran una misma cosa.  ¿No sientes el frescor de las cañas? Ese olor de podredumbre que tanto se parece al de la vida.