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viernes, 30 de abril de 2010
Dudas primaverales
Empachada de Mishima, me adentro en El Libro de los Cinco Anillos de Miyamoto Musashi, pero la astenia primaveral me impide levantar con él la espada….Creo que consultaré con Don Eugenio de Aviraneta, que es lo que hago siempre que no sé cómo seguir el camino.
miércoles, 7 de abril de 2010
El fin del fin
Las retamas que con su floración temprana anunciaban el principio del fin de un duro y largo invierno han desaparecido. Cuando contemplaba sus largas melenas blancas flotando al viento no sospechaba que sería la última vez. Como lo efímero nunca desaparece, sé que volveré a encontrarme con ellas. ¿Pero dónde?
Este año la primavera está escondida tras los brumosos sauces que custodian el estanque de Sant James Park. Lo inesperado, lo efímero, la vida.
Honda encuentra lo inesperado bajo una cascada en la que se baña un joven que es otro y el mismo joven al que quiso hace mucho. Es decir, al que quiso siempre. La primavera estaba en su interior brumoso de sauce dormido.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Una de dos
Los Reyes Magos me han brindado la ocasión de darle una segunda oportunidad a mi opinión sobre Mishima. Comienzo con Nieve de primavera, que me seduce por completo. Se derriten mis aprensiones con el primer beso de los jóvenes amantes dentro de un rickshaw que cruza velozmente el paisaje helado. Pero sé que la seducción es siempre arma de doble filo y me pongo a la defensiva a la espera que algo terrible acontezca a vuelta de página. Tensión lectural.***
Aunque no viene al caso, o tal vez sí, dormito ante el televisor mientras pasan Feliz Navidad Mr. Lawrence atraída por la oportunidad de ver de nuevo al joven David Bowie encarnando a uno de esos patéticos mitos de pretendida modernidad. Sin embargo…
martes, 12 de enero de 2010
Nadar sin guardar la ropa
Siempre que nado pienso en Mishima. En concreto en su novela El pabellón de oro.
Con la cabeza sumergida en el agua comprendo claramente las razones del novicio Mizoguchi para destruir la intolerable belleza que lo paralizaba. De espaldas, con la vista puesta en el techo de madera de la piscina cubierta, no puedo evitar aborrecer que éste fuera su único motivo para la acción.
Con la cabeza sumergida en el agua comprendo claramente las razones del novicio Mizoguchi para destruir la intolerable belleza que lo paralizaba. De espaldas, con la vista puesta en el techo de madera de la piscina cubierta, no puedo evitar aborrecer que éste fuera su único motivo para la acción.
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