miércoles, 15 de junio de 2011

A modo de Sei Shōnagon




Cosas encantadoras


Las dos tórtolas que descansan diariamente en la señal de tráfico de delante de mi ventana.


Que un amigo al que conoces poco te cante una canción.


La luna, casi llena, que se divisa desde el puente que cruza la bahía.


Verte dormir hundida en el bosque otoñal de tu edredón.


Recibir un mensaje cariñoso de alguien a quien ves a diario.

martes, 10 de mayo de 2011

Fantasmas

No arrastran cadenas, ni adornan sus cuerpos con sudarios blancos, pero todos vienen de otro tiempo lejano y me saludan con un “hola MA”, con un “buenos días Señorita”…Los hay gentiles y amables, los hay que se asustan al verme, otros me recriminan mi forma de actuar, y también alguno manda abrazos. ¿Cómo han llegado hasta aquí, en esta soleada mañana de domingo en la que vivo una vida que no me pertenece? ¿Por qué son ellos los que se sorprenden, mientras yo los recibo con sincera ternura?


El sonido de la lluvia los congrega y obedientes comparecen para aclarar las dudas de los que aquí quedaron. Y es el temblor que provocan al ser reconocidos, tras su partida, lo que les da razón de ser y les confiere su identidad de seres venidos de otro mundo para cerrar o abrir heridas que cicatrizan lentamente, muy lentamente.


Desde otro tiempo,
nubes de primavera
los han traído.

jueves, 5 de mayo de 2011

Fugacidad

Intento aprender de memoria el primer párrafo de este magnífico libro, que empiezo a releer por segunda vez. Y mientras lo hago, la lluvia laca en verde los campos y arrastra el tiempo de esta primavera bulliciosa haciendo realidad el sonido de la campana del templo de Gion...




Me dispongo a vivir una nueva experiencia que tal vez me depare algún hallazgo valioso. Temor y entusiasmo a partes iguales. Pero, ¿no es esa fórmula mágica la que me ha movido siempre?



Antes de dejar su casa para siempre, la dama Gio recoge minuciosamente su cuarto y se marcha llorando porque su bondad imprudente precipitó su destino, y eso siempre duele.

domingo, 10 de abril de 2011

Fin de semana


Cubre la Sierra,
para que yo te siga,
alfombra verde.

----

El majoleto,
el cerezo del huerto,
   la primavera…

----
Estas dos calas
que comparten la tierra
se nos parecen.

----

   Este hortelano
     ha cortado dos rosas
    por no pintarlas.




domingo, 27 de marzo de 2011

Maneras

Casi al final de la entrevista con este afamado y premiado escritor japonés, a propósito del desastre nuclear que amenaza su país, aparece esta frase escalofriante: “los muertos que nos miraban nos obligaban a respetar esos ideales”.

Y se derrumba ante mis ojos el espejismo de su occidentalizada corrección política, porque aunque quiera explicar el mundo con los parámetros moderados del que ha aprendido a vivir entre nosotros, él no es como nosotros, él siempre tendrá que rendir cuentas ante lo invisible.

“Están dando una lección al mundo”, dices, mientras aseguras compartir mis sentimientos, ahora que por fin los conoces. Pero no los conoces, y yo muy poco. Sólo vislumbras la tristeza contenida tras el rostro sereno de la mujer que espera oír al otro lado del teléfono la voz de la persona amada. Y llamas autocontrol a lo que ella llamaría decencia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Los peores presagios


"Sentí verdadero miedo -dice este español residente en Japón al que entrevistan en la radio para que dé testimonio del terrible terremoto- cuando vi que un compañero japonés empezaba a mostrar miedo".


Los peores presagios se han cumplido. Y en mis sueños, la ola gigante ha alcanzado una vez más un pedazo de mi vida. En mi ciudad está arraigado el temor del agua que todo lo arrasa y uno mira con miedo el mar esos días en los que el gris se vuelve turbio dentro del corazón.


Y estas fotos que no muestran desesperación, sino perplejidad, resignación y asombro ante la fuerza de la naturaleza, cuando todos se preparaban para contemplar, un año más, la llegada de la primavera. Pero habrá tiempo.

jueves, 17 de febrero de 2011

El corazón de las cosas

Esa niebla temprana por la que asoma el verde negro de los pinos, y te devuelve a otra niebla lejana que está dentro de ti para que aprecies el sol que ahora brilla.



Alguien que te busca, teniéndote al lado, porque no sabe utilizar las palabras para preguntarte, porque no conoce aún la manera de reconocer que le interesas un poco.



El calor de ese cuerpo pequeño que te llama con su canción de vocales ensartadas. Y fue interrogación primero y, más tarde, deseo formulado y felizmente cumplido para acompañarte ahora, hecho un ovillo, en las largas tarde del invierno.