Y si el final es sólo eso: despertar de un sueño en un jardín apartado y recordar de pronto que nada de lo recordado ha ocurrido, que tal vez no hemos conocido a ninguna de las personas que una vez quisimos…Y constatar, al fin, que las cuentas ensartadas en el hilo que se rompe al final de nuestros días volverán a juntarse y serán las mismas, pero en otro orden, para seguir viviendo en otra vida que aliente las misma vanas ilusiones.
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martes, 19 de octubre de 2010
Cuentas
Y si el final es sólo eso: despertar de un sueño en un jardín apartado y recordar de pronto que nada de lo recordado ha ocurrido, que tal vez no hemos conocido a ninguna de las personas que una vez quisimos…Y constatar, al fin, que las cuentas ensartadas en el hilo que se rompe al final de nuestros días volverán a juntarse y serán las mismas, pero en otro orden, para seguir viviendo en otra vida que aliente las misma vanas ilusiones.jueves, 14 de octubre de 2010
Hojas muertas
Tras esta primavera a destiempo, quizás la lluvia de los últimos días traiga por fin el otoño para que bajo las hojas muertas resplandezca la vida, a la espera de la próxima primavera.Murasaki. Esa niña que juega a las muñecas sin presentir que es una muñeca encerrada a la espera de que comience el juego cruel en el que está a punto de convertirse su vida: el de gran dama de la corte Heian.
Honda tras la máscara de Honda en el otoño de su vida. Ese juego cruel de los espejos multiplicando su figura.
viernes, 30 de julio de 2010
El otro lado de la luna pálida
Me pregunta JM mientras vemos Los pornógrafos, de Imamura Shohei, si no me sorprende el lado sórdido de esta historia tan alejada, en apariencia, del cliché clásico de lo japonés como paradigma de la delicadeza extrema. Le digo que no, y le recuerdo esas máquinas expendedoras de braguitas usadas que dicen los viajados que hay en algunos centros comerciales de Tokio.
Honda con 50 años, escondido tras los árboles, espía a las parejas que hacen el amor en un parque de Tokio. En su villa en el campo, una pila de libros en la estantería de su despacho oculta un agujero por el que observa lo que sus invitados hacen en la habitación de al lado.
Kiyoaki, Isao, Ying Chan…eslabones de una cadena ceñida a su cintura. Los crisantemos alcanzan su plena belleza cuando empiezan a marchitarse.
Honda con 50 años, escondido tras los árboles, espía a las parejas que hacen el amor en un parque de Tokio. En su villa en el campo, una pila de libros en la estantería de su despacho oculta un agujero por el que observa lo que sus invitados hacen en la habitación de al lado.
Kiyoaki, Isao, Ying Chan…eslabones de una cadena ceñida a su cintura. Los crisantemos alcanzan su plena belleza cuando empiezan a marchitarse.
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