Aquellas siestas
acunando tu cuerpo
bajo las ramas.
***
Ruge el otoño.
Y palpita en mi pecho.
Tiembla en las hojas.
***
Viejas postales.
En el árbol desnudo
veo la nieve.
Comentarios sobre literatura japonesa
Los días grises. Aún queda nieve
en las altas cumbres de la memoria. Esa sosegada impaciencia que nos devuelve a
los días de juventud en los que el miedo era un temblor ante lo desconocido,
una imagen borrosa en el espejo, un latido intermitente, una canción de
despedida. Y ahí estamos, silenciosos ante el paisaje y sus desvelos, asidos a
los nidos de los pájaros que se apresuran a recomponer un instante de su
historia que el azar ha querido hacer coincidir con la nuestra.
Para luchar contigo. Para encontrar el centro. Para salvar distancias entre tus pensamientos, la niebla ha levantado su mano temblorosa, ha posado su aliento frío. Lo desconocido, ese jirón de nubes en el horizonte, el sol entre las ramas. Tiemblan los pájaros en la espesura, tiembla la voz del viento entre los árboles, tiembla la gota en el filo de la hoja. El mundo se despereza, abre los ojos, lame la cicatriz del miedo. Y entre las espinas, brotes apretados de flores amarillas demoran el inicio de una nueva primavera.